
Policía dirigiendo el tráfico en Ouaga
La semana pasada me encontré atrapada en medio de la captura de un ladrón que había tirado del bolso de una chica que iba en moto. Yo estaba en mi coche, a escasos metros de la moto de la chica. Días después, si pienso en ello, sigo impactada por el escenario que se montó en unos segundos a mi alrededor a raíz del incidente.
Y es que en este país, lo mejor que le puede pasar a un ladrón es que le detenga la policía porque como le pillen “in fraganti”, el linchamiento está asegurado, llegando incluso a poder morir a manos de los “justicieros”.
Estaba parada yo en el semáforo. El joven delincuente, que no debía de tener más de 18 años, conducía una moto en sentido contrario, algo que ya me pasa inadvertido por ser frecuente en el tráfico diario, así que ni me fijé en él. Lo que llamó mi atención fue el ruido de una colisión: la moto de la chica que había sido atacada, golpeó un coche al caer por el tirón del bolso. Y un segundo después, el grito de “au voleur” (al ladrón), encendió el polvorín de la persecución del delincuente por una multitud de personas, que no sé de dónde salieron, y que consiguieron atraparle a pocos centímetros de la parte trasera de mi coche… Me encontré atrapada, sin poder avanzar ni retroceder, rodeada de una multitud incontrolable de gente…
Lanzaron al delincuente al suelo y empezaron los golpes… Gracias a Dios yo estaba con Patrick, mi marido, a quien pedí que me tradujera lo que los justicieros gritaban mientras le pegaban… Unos de

Grupo de Koglweogo de Burkina
cían “golpear hasta matar”… Otros pedían “mane sugri, mane sugri…” (“hay que perdonar, hay que perdonar” en mooré…) alegando que sólo había robado un bolso… A lo que otros respondían que un ladrón es un ladrón y que había que acabar con él…
El perdón triunfó y le levantaron del suelo y le llevaron a donde estaba la chica y el propietario del coche accidentado por la moto. Momento en que se despejó la zona donde estábamos atrapados y pudimos avanzar y salir de la pesadilla… Pregunté a Patrick la suerte que le esperaba al delincuente. Me dijo que probablemente le llevaban a ver a la chica y al propietario del coche para que les pidiera perdón y llamarían a la policía para que se hiciera cargo de él. El chico tuvo mucha suerte…
Esta escena tremenda tiene una razón de ser: la desconfianza en el sistema judicial del país… Y tiene su origen en los tiempos en que la policía, por falta de medios como poder alimentar al ladrón o tener un espacio donde retenerle, le soltaba en menos de 24 horas… No estoy segura de que hoy en día siga siendo esa la razón o que más bien “tomarse la justicia por la mano” se haya convertido en un hábito…

Union de prière por Burkina Faso
Pero la cosa no termina ahí… Desde principios de este año, el fenómeno ha desembocado en un grupo de justicieros de autodefensa, los “Koglweogo” (en mooré “proteger el ambiente”), formado por aldeanos, campesinos, pastores y ganaderos, para luchar contra la creciente inseguridad en todo el país. Armados con fusiles de fabricación artesanal y machetes, tienen su propio tribunal, ilegal, y no dudan en utilizar la fuerza, a niveles extremos, para determinar si un detenido es o no culpable… No sé qué porcentaje de la población está a favor de estos justicieros, pues los resultados de estas “milicias” son palpables, y muchas personas piensan que como el Estado no logra proteger a sus ciudadanos, bienvenidos sean los “Koglweogo”… Tampoco sé cuántos están en contra, pues muchas de sus acciones dejan que desear (detenciones ilegales, torturas y alguna ejecución…). La polémica está servida… Y la crispación social también.
No hay duda de que la creciente inseguridad en el país es una triste realidad desde hace años…Pero el fenómeno de tomarse la justicia por la mano viola el principio de que el único legítimo detentor de la violencia es el Estado, y le puede salir muy caro a mi querida Burkina porque podría acabar con el estado de Derecho… Desde aquí una llamada de “union de prière” a la Virgen de la Paz por Burkina.