Buenas noches a todos!

No os vamos a engañar, hoy poco que contar porque nos hemos regalado un día de piscinita!

Pero sí aprovecho que estamos en casa con electricidad y buena conexión a internet para escribiros el relato del jueves que no envié porque llegamos muy tarde a casa de la cena con Marta y su marido Moumi!

Así, el jueves, después de pasar la mañana en la maternelle y antes de adentrarnos en una maratoniana tarde de reuniones, Serge ha decidido ejercer de hombre del 8 de marzo (que como recordaréis dedica el día internacional de la mujer a hacer las tareas “propias” de las mujeres). Así, a las horas en que se paraliza el país, de 12h a 15h, por el intenso calor, y solo se ve a gente durmiendo en cualquier rincón con un poco de sombra, ha decidido que era el momento ideal para, escoba y fregona en mano, dejar un suelo que creíamos marrón (no por dejadez si no porque es imposible mantenerlo limpio) blanco nuclear!

Hago ahora un paréntesis para explicaros que cuando estuve aquí un mes en febrero de 2008 viviendo en casa de Bruno y su mujer Laura (Bruno, hispano francés que estuvo trabajando aquí en Ouaga para la Fundación durante dos años, es la persona gracias a la cual arrancó la maternelle Valencia y siempre le agradeceremos la manera tan excepcional que tuvo de introducirnos en el barrio de Rimkieta). Decía que cuando estuve viviendo con Bruno y Laura, Bruno tenía especial cuidado siempre en las cosas que tiraba a la basura porque me decía que la gente al saber que era una casa de blancos esperaba los días que sacaban las bolsas de basura para “saquearlas” en la seguridad de encontrar sobras que aprovechar. Es una anécdota que nunca he comentado a nadie por no haber venido a cuento. Pero casualidades de la vida, hace un par de días cuando bajábamos la basura se lo comenté a Serge comentándole que creía que era un poco exagerado. Pero desgraciadamente hoy hemos vivido un episodio que me ha confirmado lo que Bruno me dijo en su día. La casa de al lado del edificio donde tenemos el apartamento es una peluquería que tiene un chamizo con un par de sillas donde siempre hay gente y niños. Al bajar hoy uno de los niños había abierto nuestra bolsa de basura y en el suelo estaban la mayoría de los tarros de los yogures completamente impolutos y había echado agua en el tetabrick del zumo de melocotón y se dedicaba a mover bien el tetrabrick para mezclar los restos del zumo, que son mínimos porque esa mañana me lo había acabado yo y recuerdo haberlo exprimido a fondo, y bebérselo… No es fácil sobreponerse a una imagen así, os lo aseguro.

Pero la tarde acababa de comenzar y teníamos maratón de reuniones… La primera, a las 4 de la tarde, en la Cámara de Comercio de Burkina, en el centro de Ouaga, con M. Tapsoba, el Director general al que conocimos en enero en una comida en el IESE. Nos recibe en su despacho y muestra mucho interés por las actividades de la Fundación. Nos comenta que ha estado muy liado y que ahora no hay tiempo porque sale de viaje y nosotros nos vamos el martes pero que cuando yo vuelva a Burkina finales de mes le encantará venir a Rimkieta a ver los proyectos.

La siguiente reunión es en el despacho de M. Yameogo, a dos pasos del aeropuerto, un empresario que está muy interesado en conocer la Fundación y nuestros proyectos y que nos conoce a través de M. Sissoko, representante de la Cámara de Comercio de Barcelona en Burkina Faso. M. Yameogo es presidente de su empresa GESER de servicios generales de import/export de maquinaria de todo tipo, de su tecnología y servicio técnico. Además, es presidente de una Asociación de empresarios católicos. Con dicha asociación tienen varios proyectos sociales en Ouaga, entre ellos la construcción complejo escolar católico que esperan poner en marcha el año que viene. Es un proyecto con un presupuesto de aproximadamente 900.000€ poner en funcionamiento todos los ciclos pero ellos empezarían por primaria e irían ampliando poco a poco. También hemos quedado que cuando vuelva a finales de mes me pondré en contacto con él para que venga a Rimkieta a ver los proyectos.

Nos dirigimos después a Rimkieta para nuestra reunión, a la luz de un candil porque aunque la electricidad ha llegado a Rimkieta nadie puede pagar la conexión a su casa, con la CCB, la Comunidad Cristiana de Base. Como siempre estas reuniones tienen ese algo especial, único, que solo encontramos entre su gente y el entorno donde nos reunimos.

Empezamos la reunión con un padrenuestro en moré y procedemos a presentarnos uno a uno. Somos unos 18, la mayoría de ellos del colectivo de jóvenes y de mujeres. Las dos horas largas de reunión las dedicamos a comentar los detalles de los presupuestos de dos proyectos que nos han presentado.

El primero, la construcción de un molino de cereales, nos lo presenta la Presidenta de las mujeres de la CCB. Las mujeres que no pueden permitirse ir a un molino de cereales, cuando llegan a casa agotadas por la noche, se tienen que poner a moler manualmente el cereal (que es la base de la mayoría de las comidas de Burkina), hecho que requiere un gran esfuerzo físico. Este molino daría el servicio a un precio social lo que ahorraría a muchísimas mujeres del barrio un montón de esfuerzo por la noche.

El segundo proyecto, el del Cybercafé, nos lo presenta el presidente de los jóvenes de la CCB y consiste en dotar al barrio, ahora que ha llegado al electricidad, de un sitio donde poder utilizar ordenadores, hacer fotocopias e impresiones y conectarse a internet. Estos servicios son muy necesarios y como no hay ningún sitio en el bario, tienen que desplazarse al centro de la ciudad, lo que significa un gasto de gasolina o un esfuerzo físico para ir en bici.

Acabamos la reunión y nos volvemos a dirigir al centro de Ouaga para cenar, en horario europeo, a las 21.30h, con Marta Conti y Moumi, su marido. Disfrutamos con las anécdotas de la convivencia de las dos culturas que nos cuentan de los dos de los meses que llevan de matrimonio y con el punto de vista de Moumi de la sociedad y la juventud burkinabesa.

Y esto fue todo lo que dio de si el jueves!

Besiños grandes y hasta mañana