Dice la tradición africana que lo que pasa en las noches de eclipse es que un gato, al que le gusta el calorcito del sol, se ha comido la luna.
Y así, la noche del pasado 15 de junio, en cualquier barrio de cualquier rincón de Burkina y durante las dos horas que duró el eclipse, los niños salieron a la calle para hacer el mayor ruido posible con tambores, cacerolas y cánticos para asustar al gato y que volviera la luna!
Y como toda fábula tiene una explicación, según me cuentan en este caso al tener que salir a la calle a hacer ruido para asustar al gato, te olvidas de quedarte ensimismado a mirar el eclipse que aquí dicen, puede dañar la vista!
Segura de que un eclipse lunar no daña la vista, me quedo con la mágica historia del gato que se come la luna y ya sabéis, durante el próximo eclipse, a salir a la calle de “cacerolada”!