
Cinco personas mirando, uno dirigiendo, dos acercando los sacos del camión al borde para que uno, y solo uno de todos los que estaban allí, descargara, de uno en uno y hasta 300, los sacos de maíz de 100 kilos cada uno de la reposición de cereal del proyecto del Banco de cereales de la Fundación.
Empezó cantando, con brío y energía y sorprendentemente, después de más de dos horas y media cargando y descargando, el chico continuaba de buen humor haciendo su trabajo.
Cuando quedaban cuatro sacos y le dije que mucho ánimo que ya estaba a punto de terminar y el muy “guasón” me contestó que podía descargar durante horas otros dos camiones enteros, que lo que a él le sobraba era fuerza y lo que le faltaba era dinero.

A lo que, muy sabiamente Robert, el encargado de la venta del maíz del banco de cereales que a sus 55 años lo podemos considerar un anciano aquí, le dijo que entendía entonces por que cantaba, porque había muchos que no tenían ni fuerza ni dinero!