Ayer por la mañana tuve lo que yo llamo un “reality bites” o “bocado de realidad” con la visita de Mme. Kabore.
Aún y viviendo en el corazón de uno de los barrios más necesitados de Burkina, supongo que por pura necesidad del alma de sobrevivir, acabas por no ser muy consciente de todo lo que te rodea.
Los “reality bites” podríamos decir que son esas pequeños “picotazos” que llegan en el momento menos esperado y te devuelven a la realidad de lo que es Rimkieta. La expresión inglesa en español podría traducirse por “la realidad es muy dura”…
Mme. Kabore, Zenabo de nombre, tiene 34 años, es viuda desde hace 3 y tiene 5 hijos, Aziz de 15, Boukaré de 12, Ganirou de 9, Sadia de 8 y la pequeña Razanatou que no llega a los 4 años y que dormía plácidamente sobre la espalda de su madre.

Los cuatro mayores que están en edad escolar están becados por la FAR.
La tradición impone que cuando una mujer enviuda, la familia del marido deberá hacerse cargo de ella y de los niños si los hubiera.
Para ello, la mujer debe abandonar todos sus bienes en sus manos y pasar a ser parte de esa familia donde probablemente no tendrá ni voz ni voto. No es seguro que pueda mantener la unidad familiar de los hijos si el hermano que la acoja no puede hacerse cargo del grupo familiar, en cuyo caso los repartirían entre los familiares, directos o no.
Si la mujer, sin embargo, decide quedarse con los niños y los bienes familiares, lo más probable es que sea repudiada por la familiar del marido.
Este es el caso de Zenabo que desde que ha enviudad se levanta cada día a las 5 de la mañana para cavar tierra que revenderá a los fabricantes de ladrillos de adobe por unas míseras cefas (la moneda de Burkina) con las que apenas podrá dar de comer a sus 5 hijos, solo una vez al día, por supuesto y con las que no llegará a atender sus necesidades de vestimenta, formación y cuidados médicos y sanitarios.
Zenabo llegó ayer por la mañana muy preocupada. Aziz, el hijo mayor de 15 años, había abandonado la escuela hacía unas semanas sin motivo aparente y no había manera de que volviera al colegio. Zenabo sufría porque sabía que si Aziz no terminaba el curso el año que viene no le renovaríamos la beca.

En las becas escolares que otorgamos requerimos, por un lado, la contribución de los padres, en la seguridad de que es más formativo que regalar las ayudas. Es un reembolso del 10%, a devolver en un año, lo que hace que la cantidad mensual sea muy asequible para los padres. En el caso de Zenabo, por ejemplo, el importe de las 4 becas de los niños de este año ha sido de 198€, por lo que el reembolso no llega a los 20€ al año, 1,6€ mensuales.
Por otro lado, requerimos también que el niño becado acabe y apruebe el curso escolar para renovar la beca al año siguiente.
Zenabo me contaba entre sollozos que hacía unas semanas ella calló enferma y que entre algunos vecinos se ocupaban como podían de dar de comer a los niños, aunque no todos los días llegaban a comer los 5. Y fue cuando Aziz dejó de ir al colegio para ir a cavar la tierra que su madre cavaba y revenderla para traer dinero a casa y dar de comer a sus hermanos… Y ahora ya no quería volver al colegio porque quería continuar ayudando a su madre. Y Zenabo no quería que su hijo dejara los estudios para ayudarla ahora que ella ya volvía a estar bien de salud…
Zenabo estaba desconsolada y cansada, muy cansada de luchar.
No es fácil dar consuelo en una situación como esta, os lo puedo asegurar.

Pero sé, porque lo he visto en su cara, que Zenabo se ha sentido aliviada cuando le he dicho que no se preocupara por Aziz, que en el momento en que decidiera volver a los estudios, siempre encontraría la puerta abierta de la FAR para ayudarla.
Esta es la historia de Zenabo, y como la suya, la de la mayoría de las mujeres viudas de Rimkieta y Zongo. A ellas dedico hoy, 8 de marzo, jornada internacional de la mujer, este blog.
Mil gracias a todos los que hacéis posible el alivio en las vidas de estas maravillosas mujeres con los 280 niños que becamos desde la FAR cada año!
Fotos cedidas por Marta Conti
Espero que nuestros picotazos, cuando vayamos a fin de mes, sean de esos de realidad que dices tu y no de malaria, jejeje ;-).
Besos,