Hace apenas unos días anularon el toque de queda. Para mi rutina diaria poco representa la noticia, pero es toda una señal de la vuelta a la normalidad del país.

Comentaba en el post anterior, “Seis día para el cambio político social en Burkina”, lo impresionante que ha sido ver como todo volvía a la normalidad como si no hubiera pasado nada. Un día anduvimos a pedradas y al día siguiente vuelta a la rutina, sin más…

Han pasado algo más de tres semanas desde el histórico 30 de octubre, fecha en que el ex Presidente Blaise Compaore fue obligado a dejar el poder después de 27 años. En estas tres semanas los acontecimientos políticos se han sucedido uno tras otro para restaurar la normalidad, en un tiempo que, a mi forma de ver, ha sido ejemplar.

El teniente coronel Zida, que había asumido la Presidencia, después de largas negociaciones con los diferentes estamentos de la sociedad (la clase política, la sociedad civil, los militares, los diferentes religiones y la tradición), cedió la “Presidencia de la Transición” a un civil “a gusto de todos”, M. Kafando, hombre de la carrera diplomática. A cambio, Zida negoció con todos ellos su nombramiento como Primer Ministro. Y anunció elecciones generales para noviembre 2015.

Ceremonia de Investidura de Michel Kafando, a la derecha, Presidente de la Transición de Burkina Faso. A su lado, el Primer Ministro, el teniente coronel Isaac Zida. Foto: Sia Kambou/AFP

Ceremonia de Investidura de Michel Kafando, a la derecha, Presidente de la Transición de Burkina Faso. A su lado, el Primer Ministro, el teniente coronel Isaac Zida. Foto: Sia Kambou/AFP

Cinco días más tarde teníamos ya formado el Gobierno: 26 Ministerios, dos de ellos, el de Asuntos Exteriores y el de la Defensa Nacional, ocupados por Kafando y Zida respectivamente. Sólo uno de los nombramientos, el del Ministerio de la Cultura y Turismo, ha sido rechazado por la clase civil por su supuesta implicación en el caso del asesinato del periodista Norbert Zongó que está todavía por resolver. En 24h el Ministro había dimitido y había sido nombrado uno nuevo.

Estos días me he dedicado a intentar tomar un poco “el pulso” a la ciudad. Allí donde voy tanteo a la gente para ver cómo están viviendo estas primeras semanas de la transición. Las reacciones son cuando menos variopintas. La tónica general es de orgullo, están felices. Pero hay los más conformistas a los que ya les está bien simplemente que Compaore haya dejado el poder. Otros están inquietos por el desconocimiento de los nuevos que han tomado el poder, pero confiados en el cambio para mejor. Y otros, sobre todo los más jóvenes, muestran gran desconfianza pero atienden pacientemente las elecciones de 2015.

De nuevo este país, llamado de los hombres íntegros, me está dando una lección. En tan poco tiempo, como han sido capaces de soltar el lastre de una dictadura de 27 años (con un balance oficial de “sólo” 24 muertos y 624 heridos) y comenzar de cero.

A los que han asumido el poder les queda por delante un año, un año para demostrarnos a todos que están “en transición” para dejar paso a unas elecciones lo más democráticas posible en 2015.

No tengo ninguna duda, nunca la he tenido, pero hoy creo saber más que ayer que merece la pena. Sí, merece la pena seguir ayudando a un pueblo de gente buena y humilde, gente que ilumina las calles con sus sonrisas y miradas que expresan esa modestia y nobleza que les caracteriza y que tan locamente me enamoraron el primer día que pisé esta tierra.