Abobubakar tiene 13 ó 14 años. Es uno de esos niños cuya fecha de nacimiento en el certificado correspondiente aparece “en 1998” pues no conocen la fecha exacta. Aboubakar entró en el proyecto de niños de la calle en 2009 y desde octubre de 2010 está rescolarizado.
                          
Aboubakar y Ousmane, su hermano pequeño de 10 u 11 años, fueron abandonados por su madre. Rasmané, su padre, tenía otra mujer e hijos en Costa de Marfil, lo que hacía que viajara constantemente a dicho país dejando a los niños solos en casa.
Ante dicha situación, la hermana mayor de la madre, tanti Zenabo, se vio obligada a hacerse cargo de ambos.
Ousmane es un niño dócil que acepta lo que la vida le va poniendo por delante con resignación ejemplar. Desde 2010 es uno de los niños becados por la Fundación que destaca en la escuela por su buen comportamiento y sus notas y en casa de su tía no da problemas.
Pero Aboubakar no acepta su situación, que al ser la de primogénito, es algo más dura aún si cabe que la de su hermano pues viene a ser una especie de “ceniciento” en casa de tanti Zenabo: todas las mañanas, antes de ir al colegio, sale a buscar agua y vuelve cargando con un bidón de 20 litros; a medio día limpia los cacharros y los platos después de comer; y por la noche, de nuevo a buscar agua y a limpiar la ropa de toda la familia.
Y para no cumplir con sus obligaciones de “sobrino adoptado”, salía a primera hora de la mañana sin ni siquiera desayunar y no volvía hasta bien entrada la noche. Si sales de casa sin haber desayunado y sin haber cenado la noche anterior te “espabilas” para conseguir algo que llevarte a la boca… Y así dejó el colegio y empezaron sus primeros escarceos con la calle.
Por aquel entonces su padre abandonó a la familia de Costa de Marfil y Aboubakar volvió a vivir con él, sin encontrar a su lado ningún tipo de control de sus correrías callejeras.
Fue en aquel momento cuando Drissa, el responsable del proyecto de niños de la calle, le encontró y “consiguió “engancharle” al proyecto. Y Aboubakar llevaba tres años tranquilo, reinsertado en el colegio y viviendo con su padre que seguía sin hacerle ni caso pero por lo menos, aunque no todos los días, si la mayoría, le daba de cenar.
Hace unas semanas el padre volvió a abandonar la casa y Aboubakar se quedó solo. Ante la idea de tener que volver a vivir con su tía, decidió irse a Yagma, un barrio a unos 20 kilómetros de Rimkieta, a casa de su tío paterno.
En la FAR hacemos el control semanal de todos los niños del proyecto de niños de la calle que están rescolarizados. Esa semana Bassila, el segundo de a bordo de Drissa, nos informó de que Aboubakar llevaba 3 días sin ir al colegio y no sabían dónde estaba. Después de algunas averiguaciones, supimos que se había ido a vivir a Yagma y había dejado de ir al colegio ante dificultad de caminar cada día 40 kilómetros. 
El curso está a punto de terminar y es una pena que Aboubakar, que va bien en los estudios, pierda el curso y empiece de nuevo a “jugar con la calle”.
Así que Drissa y yo fuimos a hablar con tanti Zenabo para pedirle que le acogiera las semanas que quedan de curso. La tía al principio se negó en rotundo pero le contamos los avances de Aboubakar, que iba a la escuela desde hacía 2 años y que había cambiado. Conseguimos convencerla, a ella sí, pero su marido fue algo más duro de roer, aunque al final ha aceptado.
Aboubakar ha prometido no retomar el mal camino y portarse bien en casa de su tía, aunque tenga que ir a buscar agua y lavar la ropa de  toda la familia. Pero os puedo asegurar que cuando te mira directamente a los ojos y te dice con lágrimas que no es justo, que por qué no se limpia cada uno su ropa, o por qué no se turnan para ir a por el agua, te quedas sin palabras para contestarle.
Lo que más me sorprende de toda esta historia es que Aboubakar va de un lado para otro sin que nadie se ocupe ni se preocupe de donde está…
Y este es solo un ejemplo de la lucha del día a día con los niños del proyecto de formación y reinserción de niños de la calle, un proyecto apasionante que bajo mi punto de vista, significa uno de los mayores retos  para la FAR en Rimkieta.