No siempre el número 13 es portador de malas vibraciones! El pasado jueves 13 de octubre tuve el placer de firmar, en nombre de la FAR, el Convenio entre la Fundación Amigos de Rimkieta y el Gobierno de Burkina Faso!

No es algo que se firme todos los días, os lo puedo asegurar, y el camino hasta llegar a la sala de reuniones de la Dirección General de Cooperación del Ministerio de Economía y Finanzas de Burkina Faso, el jueves 13 de octubre de 2011, no ha sido fácil.

Hace tres años que empezamos las gestiones para obtener el registro de la FAR en Burkina Faso para formalizar su presencia jurídica en el país.

El 26 de abril de 2009 presentamos el primer dossier de solicitud de autorización de ejercer nuestras actividades en Burkina Faso. No fue hasta el 4 de junio de 2010, algo más de un año después, cuando el Ministro de la Administración Territorial y de la Descentralización concedió a la FAR la «Autorización para Ejercer» con el número 2010/57.


El segundo dossier fue presentado, un par de meses después de conseguir la anterior Autorización, al Ministro de Economía y Finanzas solicitando la firma de un «convenio» entre la FAR y el Gobierno de Burkina Faso, que tal y como os he informado, se llevó a cabo el pasado jueves.


Podéis imaginar mi alegría cuando Maître Fulgence, del despacho de Maître Keré, a quienes desde aquí agradezco todo su trabajo y ayuda desinteresada a la Fundación desde nuestros inicios, me llamó para informarme de que nos habían convocado para la firma.

Anoté la fecha en mi agenda, me puse un aviso una hora antes en el móvil porque mujer precavida vale por dos e hice un repaso rápido de mi armario para ver qué modelito me iba a poner, convencida de que esos eran todos los preparativos que requería el evento.

Que felicidad la del que no sabe lo que le espera… La mañana anterior a la firma me llamó Maître Fulgence para que fuera por su despacho. Y para allá que me fui.


M. Fulgence, dando por sentado que estaba al corriente de la transcendencia del evento, me preguntó por las personas que me iban a acompañar a la firma. Y yo, con toda naturalidad, le contesté que agradecería si él pudiera acompañarme. Se echó a reír con una carcajada cargada de comprensión y me dijo que el acto era de gran envergadura social en Burkina y que deberían acompañarme todas las personalidades amigas de la FAR que conociera, además de aconsejarme que contratase un fotógrafo y de dar por sentado que tenía un tampón con mis datos y el cargo de “Representante de la FAR” en Burkina que debía llevar para la firma.

Sudor frío, son las 3 de la tarde, el acto es mañana a las 8 de la mañana; la FAR es una institución sencilla, de perfil bajo, que evita expresamente figurar; no conozco a casi nadie…; no tengo tampón…; no tengo fotógrafo… Salgo del despacho después de prometer a M. Fulgence que voy a hacer todo lo posible para ir bien acompañada.


Llamadas, llamadas y más llamadas al Hermano Salvador, sin el cual los inicios de la FAR no hubieran sido posibles; a Bellemou, el notario que, al igual que M. Fulgence trabaja desinteresadamente para ayudarnos en los proyectos; al Larle Naaba, Diputado de la Asamblea Nacional que siempre está disponible para atenderme y darme su consejo; a M. Desiré Yameogo, Presidente de la «mielería» Wend-Puire y de la Asociación Laafi Burkina desde las cuales realiza una acción social admirable y gran amigo también; a M. Modeste Yameogo, Director de comunicación de Unicef en Burkina.

Son las 22.30h y estoy saliendo de la casa del Larle Naaba sin tener ninguna persona que me acompañe mañana… Todas han reaccionado con gran cariño a mi llamada y han felicitado a la FAR con entusiasmo, pero todas ellas tienen compromisos que les impedirán acudir.


Voy pensativa en la moto.
El Larle Naaba, que la mañana siguiente tiene sesión en la Asamblea Nacional, me dice que no me preocupe, que el acto no debería tener mayores complicaciones y que lo importante es, en esencia, el reconocimiento que para la FAR significa firmar el convenio.

Y me doy cuenta de que quienes deberían acompañarme son esas personas sin cuyo trabajo aquí la FAR no sería posible. Llamo a Sylvie, que lleva con nosotros desde el primer día y que en la actualidad es responsable de los microcréditos y mi mano derecha; y a Rihanata, responsable de la maternelle y como una madre para mí; y a Drissa, responsable de los proyectos de niños de la calle y de entrenamiento deportivo; y a nuestra querida Colette, la contable, convencida de que son ellos quienes deben acompañarme.

Finalmente Drissa no pudo acompañarnos y Colette, que está a punto de dar a luz, se quedo de “guardia” en la FAR por si pasaba algo. Fui, orgullosa de la mano de Sylvie, Rihanata y M. Konseibo, empresario del sector de la construcción de pozos que colabora con la FAR, y que me ayuda no solo a nivel profesional sino también a nivel personal como apoyo y consejero.

¡Ah!, y el tampón, que creía sería imposible, lo conseguí en 3 horas. Estoy en la capital y aquí, pagando, casi todo es posible… Un fotógrafo, contratado por 3.000CFA (5€) y mi sencilla cámara Canon Ixus (el fotógrafo no tiene cámara propia), hicieron posible un bonito reportaje de fotos que quedarán para el recuerdo, algunas de las cuales acompañan este texto.