La verdad es que no tengo ninguna queja sustancial del apartamento donde vivo aquí en Ouaga. Está en el barrio de Gounghin, cerca del centro y cerca de Rimkieta. Es un barrio muy joven, con comercios y muchisma vida nocturna. Pero lo inmejorable de su ubicación en una calle principal asfaltada e iluminada que evita que tenga que adentrarme en calles de tierra, oscuras y deshabitadas para llegar a casa, cosa bastante común aquí, hace que, a su vez, sea el mayor de sus inconvenientes por el constante ruido del tráfico y de la activísima vida de dicha calle.

Hasta ahora compartía mis noches con el ruido de los “maqui” (bar en la calle) de los alrededores; del ya mencionado tráfico; del gritar a paso militar al más puro estilo ejército americano de los militares que pasan corriendo en su entrenamiento matutino (a eso de las 5h) por enfrente del piso, y de mi amigo el gallo del patio de los vecinos que kikirikea entre las 3 y las 5 en intensidad moderada y a partir de las 6 en todo su esplendor. Pero hete aquí que no contenta con eso, desde que he llegado tengo dos invitados en mis noches: uncordero y un grillo! Lo del grillo no es la primera vez, hace cosa de un año se instaló uno de ellos en un baño y nos alegró la noche a Ana y Sandra (dos amigas que vinieron una semana a conocer los proyectos) y a mí, pero gracias a Dios no pasó de eso, una noche, porque al día siguiente lo localizamos en el baño y conseguí expulsarlo por la terraza! Ahora hay otro grillo que lleva dos noches instalado en una habitación y no hay manera de localizarlo y de verdad que no os podéis imaginar hasta donde consigue entrar el cricricricri en mi oído previamente tapado con tapones extra fuertes!!!! Y para terminar de completar mis noches, desde que he llegado esta vez está el “cordero con los días contados”. De hecho en realidad ahora son ya las horas contadas lo que le queda porque mañana es la fiesta musulmana de la “Tabaski” y se le acabará el “beeeeeeeeeeeeeeeeeeeee” porque será sacrificado!

Esta fiesta, una de las más importantes de los musulmanes, similar a la Navidad cristiana, conmemora el gesto de Abraham (Ibrahim), al que Dios había ordenado sacrificar a su hijo Isaac (Ismail). Según los musulmanes Ibrahim, para no ver morir a su hijo, se puso una venda en los ojos mientras le sacrificaba y cuando se la quitó, se encontró con que Ismail vivía porque Dios había puesto en su lugar un carnero. Así que cada año (año musulmán, es decir, año lunar), el décimo día del décimo mes lunar se celebra el acontecimiento sacrificando cada cabeza de familia un carnero, después de los rezos de la mañana, y reuniéndose en familia para comer juntos. Las familias que pueden reúnen dinero durante el año para comprarse ropa nueva y para ir a la peluquería.

Como curiosidad, las familias más humildes esperan hasta el último momento para comprar el cordero arriesgándose a quedarse sin, porque los primeros días de mercado del ganado para la fiesta tienen unos precios altísimos y a medida que se acerca la fiesta bajan, hasta mitad de precio, pues los pastores temen quedarse con el ganado sin vender, además de querer llegar a tiempo a sus casas, normalmente en algún poblado a las afueras, para la celebración familiar.

Después de comer, las mujeres recogen, los mayores preparan el té y los niños van a recoger a sus primos y amigos para cantar y bailar por las casas pidiendo aguinaldo, actividad que realizan durante todo el día siguiente también.

Mañana estoy invitada a participar en las celebraciones familiares de 3 amigos que tengo en Koudougou. Albert Faus, el arquitecto, está actualmente allí y aprovecharía para verle y comentar los proyectos que nos va a hacer (el Molino de Cereales y el Cyber). Pero todavía no sé seguro si iré o no. En todo caso, aquí también me ha invitado otro amigo a la celebración familiar así que ya os informaré de la experiencia personal de la Tabaski.

Besiños y buenas noches, María