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Hijos huérfanos de padres vivos

Mar 28, 2023 | 17 Comentarios

Una niña sin escolarizar cocinando para toda la familia.

Niños huérfanos de padres vivos, así son la gran mayoría de los niños beneficiarios de los proyectos de la FAR, que, además de vivir en situación de extrema necesidad, tienen que lidiar con las profundas heridas emocionales de un abandono.

Son numerosos los posts en los que os describimos las difíciles condiciones de vida de las niñas a las que llamamos cariñosamente “cenicientas”, porque creemos que Charles Perrault se inspiró en ellas para su famosísimo cuento en 1697, luego película del Walt Disney en 1950. “Cenicienta era pobre, no tenía padres y vivía con su madrastra, una mujer viuda, muy cascarrabias, que siempre estaba enfadada y dando órdenes con gritos a todo el mundo

Las vidas de estas niñas dan para un post diario. Como el caso de Sadia y Bintou, dos hermanas de 13 y 15 años que, tras el accidente de su yaaba (abuela en mooré, la lengua de los moosi, la etnia mayoritaria de Burkina), se han quedado totalmente desamparadas.

Sadia y Bintou fueron abandonadas por sus padres, cuando tenían 3 y 5 años. Los padres se separaron por una trifulca de la “grande famille” (que es así como se llama al vasto clan familiar consanguíneo, cercano o no, que en Burkina tiene una enorme influencia en la vida de pareja/matrimonios)

Niña a cargo de un bebé, escena habitual en Rimkieta

Pocos meses después de la separación, la madre encontró un nuevo marido que no admitió a las niñas, por lo que las abandonó con el padre. Y el padre, a su vez, encontró a otra mujer, que tampoco le aceptó con las niñas, por lo que las abandonó con la abuela paterna. No quieres caldo… pues toma dos tazas…

Han pasado ya 10 años de abandono a cargo de su yaaba, durante los cuales no han visto ni a su padre ni a su madre, siquiera una sola vez. Durante los primeros años recibieron alguna llamada de uno o de otro “interesándose por ellas”. Pero desde hace más de 4 años, ni eso.

Yaaba ha hecho todo lo que ha podido durante estos años al cargo de las dos niñas, y ha conseguido que nunca les haya faltado qué comer. Pero yaaba es de una generación que apenas sabe de sus propias emociones, como para poder entender y preocuparse de las de las niñas que, resignadas, aparcaron en algún rincón del corazón tanto dolor.

Yaaba ha tenido un accidente y se ha roto una pierna. Una moto se la ha llevado por delante, cuando pedaleaba en su bici para ir al mercado a vender condimentos (sal, ajo, perejil, cebolla), lo que le ha permitido hacerse cargo de sus nietas. El hecho de que yaaba, como último recurso para encontrar ayuda durante el tiempo que esté imposibilitada, haya llamado a los padres, y de que ambos se hayan desentendido del problema, ha abierto la caja de Pandora de los sentimientos de ambas niñas, que están sumidas en una espiral de frustración, dolor y rabia.

Gracias a Dios, nuestra querida Brigitte, la psiquiatra, ya está trabajando con ellas para ayudarlas a entender dichos sentimientos y ponerlos en su sitio. Y por supuesto, en casos precisos como éste, el tiempo que sea necesario, hasta la total recuperación de yaaba, las tres tendrán una ayuda extra de la FAR para asegurar, por lo menos, una completa comida al día.

Pero el caso de Sadia y Bintou no es excepcional, y quizás sin llegar a ese grado de abandono, es bastante común a muchos de los beneficiarios de nuestros proyectos.

Yaaba con varios nietos a su cargo

Sin entrar a juzgar qué puede llevar a una madre a abandonar a sus hijos, porque en mi privilegiada realidad es algo completamente inconcebible, hay que tener en cuenta que las enormes e incontables necesidades básicas a las que se enfrentan diariamente estas madres sin poder afrontarlas como es debido, pueden determinarlas a ello. Del padre no hablo por el papel secundario que, por desgracia, ocupan al respecto en la sociedad burkinabé.

Los casos más recurrentes de abandono, que conocemos bien por las encuestas que realizamos de la situación personal de cada uno de los beneficiarios, son (i) el de la madre que se vuelve a casar y el nuevo marido no quiere ocuparse de los hijos que ha tenido con su 1er marido; y (ii) el padre que se vuelve a casar y teme que la nueva mujer no cuide como debería a sus hijos, priorizando a los propios de ella.

En ambas situaciones, los hijos serán abandonados, no necesariamente juntos en el caso de varios hermanos (en este sentido Sadia y Bintou son unas “privilegiadas”), en casas de algún pariente, normalmente la abuela, o de algún conocido de la familia.

Lo anterior es una práctica socialmente aceptada, y genera núcleos familiares que no están formados esencialmente por parientes directos. La mayoría de las familias está formada por un 75% de individuos del núcleo familiar consanguíneo; un 20% son parientes cercanos; y un 5% no tienen correlación sanguínea.

Marie, abandonada por ambos padres en casa de una vecina y ejerciendo de “cenicienta” desde los 6 años, hoy está terminando 3er año de formación en costura. Ibrahim, que se quedó huérfano de madre, y al que su padre abandonó con una tía materna para poder volver a casarse, fue rescatado de los peligros de la calle, y hoy es uno de los primeros de su clase en el colegio.

Maimounata, Oumou, Nemata, Aziz, Charles… todos ellos hijos huérfanos de padres vivos, niños de otra pasta, que hoy en día tienen una alternativa, gracias al acompañamiento y apoyo de todos los que lo hacéis posible, y muy especialmente de la Fundación “la Caixa” (1) ¡Sigamos!

Formación profesional de la FAR de niñas y niños en talleres

 

(1) #FundaciónlaCaixa #HubSocial #ConvocatoriasFundaciónlaCaixa este año colabora con la FAR en los proyectos de “Formación de Niñas sin Escolarizar” y de “Formación y Reinserción de Niños de la Calle”