Hace unos días tuvo lugar la “jornada tradicional de Burkina” en la maternelle Valencia”.
Desde primera hora de la mañana, las profesoras, vestidas con ropas tradicionales, atendían la entrada de los niños de la maternelle, que llegaban, de la mano de sus padres, también vestidos de tal guisa.
Las madres habían adornado las cabecitas de las niñas con conchas, distintivo esencial para este tipo de celebraciones.
Y entre todos los símbolos tradicionales, destacó, más que ningún otro, el eterno foulard llamado en Moré “lwili-péendé”, de vivos colores negro, rojo y blanco (los colores de la bandera de Burkina Faso cuando era el “Alto Volta”) y una golondrina portando un papel blanco en su pico.
He intentado conocer sus orígenes pero todo lo que he conseguido ha sido un montón de diferentes versiones al respecto.
Si algún niño no había venido convenientemente vestido, las profesoras se encargaron de conseguir algún distintivo que les hiciera sentir que formaban parte de la fiesta.
Y una vez todos listos, ¡salimos a llevar el carnaval por el barrio! Los niños cantaron y bailaron al ritmo del tam-tam del Djembé y la calabaza de conchas que las maestras hicieron sonar.
Algunos alumnos de un colegio cercano y vecinos de la zona, animados por la marcha de los pequeños, se unieron a nuestros cantes y bailes y nos acompañaron en la comparsa.
François, el guardián de la maternelle, ejerció de “agente de seguridad” y fotógrafo a la vez.
La jornada terminó bajo el maravilloso hangar de la maternelle, donde los niños, sentados en sus sillitas que cada uno sacó al patio y devolvió a su correspondiente clase con un orden y disciplina realmente gratificantes, recitaron poesías, cantos y chistes tradicionales y escucharon con gran interés las fábulas animadas tradicionales que las maestras contaron.



