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Poko, mujer burkinabé, arquetipo del esfuerzo sostenido

Foto: Marta Conti
La vorágine del día a día, ese ritmo trepidante, que, gracias a una taza de café, pasa de 0 a 1.000 en el segundo en el que suena el despertador cada mañana, me dificulta ser consciente de la realidad que me rodea. Muchas veces, no nos engañemos, creo que es mejor así. Pero es un arma de doble filo, que llega a desvirtuar mi percepción del entorno y de lo que realmente pasa aquí, percepción tan necesaria para el deseado equilibrio entre lo racional y lo emocional. Nada como pararme y observar, para poner por escrito, un día en la vida de la mujer burkinabé, y así volver a conectar con la esencia de esta maravillosa tierra y de sus mujeres.
Ello ha sido posible gracias a Santiago Tarín, padrino de la FAR y vicepresidente de ABE (Asociación para la Búsqueda de la Excelencia), que ha contado con una humilde servidora para colaborar en el libro “Sin valores no hay gestión excelente”.
El libro recoge la reflexión de 27 autores diferentes, como Pedro Nueno, profesor del IESE, Isaías Táboas, presidente de Renfe, Raquel Alastruey, Magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona, Josep Piqué, nuestro ex Ministro de Exteriores, por desgracia fallecido hace tan solo tres semana, que en paz descanse, Manel del Castillo, gerente del Hospital Sant Joan de Déu, y Javier Pérez Farguell, presidente de Clearwater International, sobre “sus experiencias de éxito y gestión excelente, a través de valores como el compromiso, humildad, respeto, esfuerzo, sostenibilidad y ética”.
Abrumada porque hubieran pensado en mí, acepté el reto y centré mi reflexión en alguno de los muchísimos y valiosísimos ejemplos de vida de esfuerzo y perseverancia que me rodean y que, cuando consigo pararme a observar, soy capaz de ver.
El esfuerzo sostenido, o sea la perseverancia, es uno de los valores, referencia intelectual, rechazados en lo que llamamos Occidente, y que con su persecución se materializan en virtudes o buenos hábitos.
Un valor es una referencia vital deseable en una persona. Es un concepto que se puede definir y cuando se descubre en una persona, ésta se hace acreedora de aprecio porque muestra esa característica deseable. Cuando el valor se hace vida y hábito, entonces pasa a ser una virtud. ¡Feliz lectura del artículo!
La mujer burkinabé, arquetipo del esfuerzo

Imagen cotidiana actual de mujeres triturando maíz, mijo o sorgo manualmente para preparar el tô, el plato nacional de Burkina Faso. Foto: Wikipedia
Por mis circunstancias personales, vivo rodeada de personas que se exceden en el esfuerzo, valor en el que centraré este artículo.
Soy María Vázquez-Dodero, gerente de la Fundación Amigos de Rimkieta (FAR), y vivo en Burkina Faso desde hace más de 12 años.
La FAR es una empresa social, con el ropaje jurídico de una fundación, que desde hace 17 años persevera en su misión de desarrollar las mejores condiciones de vida posibles para las mujeres y los niños de Rimkieta, uno de los barrios más pobres de Uagadugú, capital de Burkina Faso, país que ocupa la posición 182 de 189 según el Índice de Desarrollo Humano de 2020 elaborado por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas.
Una misión eminentemente social que llevamos a cabo con principios empresariales puros, como el rigor, la austeridad y la anticipación. Somos una empresa, como cualquier otra, pero sin ánimo de lucro, aunque sí de superávit, para ir generando un patrimonio que permita arrostrar momentos tan difíciles como los actuales, en el convencimiento de que no se trata de crecer sino de perseverar, porque inducir un cambio cultural, y no solo facilitar una mejora material, lleva tiempo. Así que, con esas referencias, centramos nuestro esfuerzo en el mejor funcionamiento posible de cada uno de los proyectos que tenemos en marcha aquí en Rimkieta, donde deben habitar hoy más de 100.000 personas en un espacio de unos 40 km2.

Con más de 50 empleados de plantilla en Rimkieta, todos burkinabé menos dos, tenemos en marcha 12 proyectos a través de los cuales atendemos a 450 niños en un parvulario; escolarizamos, por medio de becas, a más de 500 niños y a 12 universitarios; tenemos en formación y reinserción en escuelas y talleres a 147 “niños de la calle” y a 173 niñas, la mayoría huérfanas, que viven en familias de “acogida” como “cenicientas”; alfabetizamos y damos formación elemental a 60 madres, así como a 100 chicos, éstos mediante el entrenamiento deportivo; llevamos concedidos más de 1.200 microcréditos a mujeres que intentan emprender; mantenemos cinco pozos; hemos plantado más de 10.600 árboles en el barrio, cada año plantamos otros 1.000 más y regamos y cuidamos los 2.000 anteriores. También hemos puesto en marcha un huerto que mantiene 26 puestos de trabajo para mujeres, y llevamos entregadas casi 5.000 bicicletas, que facilitan la movilidad de más de 15.000 personas.
La ubicación de Burkina Faso en el Sahel implica muchas limitaciones difíciles de comprender desde una perspectiva europea occidental. Sin acceso al mar, Burkina Faso se encuentra emplazado en una de las zonas del planeta más afectadas por la pobreza, formando parte de la franja conocida como el “cinturón del hambre”, donde temperaturas de 45°C, sequías recurrentes y, desde 2015, ataques yihadistas de grupos que ya venían actuando en Mali y Níger, no hacen sino agravar las condiciones de vida de su pueblo.

Mapa del Sahel con los países afectados por el terrorismo
Asimismo, la mezcla de sus tradiciones ancestrales y hábitos corruptos, y, sobre todo, los 40 años de colonización francesa de la entonces Alto Volta, no facilitaron el desarrollo socioeconómico, cultural y político que tanto tiempo de convivencia podría haber dado.
El pueblo burkinabé tiene algunas virtudes realmente singulares, como la afabilidad, el sosiego, la religiosidad y la tolerancia y el aguante, pero está muy atrasado en su desarrollo material, cultural y sociopolítico. Y uno de sus más destacables retrasos es la gigantesca diferencia entre hombre y mujer.
Las dificultades diarias con las que se enfrentan las mujeres para sacar adelante a sus familias, porque son ellas quienes mayoritariamente sacan adelante las familias, son enormes. Desde encontrar un trabajo digno con el que alimentar a la prole y atender a sus necesidades básicas de sanidad, higiene y educación, hasta tener acceso a algo tan imprescindible como es el agua y a cualquier fuente de calor para cocinar o tener luz.
Nacer mujer en Burkina no es fácil, porque aquí, las mujeres no viven, sino que sobreviven en el día a día, con una sonrisa y dignidad ejemplares, y con una increíble perseverancia, fruto del infatigable esfuerzo de su lucha diaria.

Mujer tirando de carreta cargada de bidones de agua
No se trata de encumbrar el papel de la mujer, que en cualquier sociedad es obvio. Es que el caso de la mujer burkinabé es digno ejemplo de la práctica de la cultura del esfuerzo sin límites.
Para ponernos en situación, visualicemos un día en la vida de Poko, beneficiaria de uno de los proyectos de la FAR, una mujer de 27 años, madre de 4 hijos propios, que, además, tiene a su cargo los 3 hijos de la primera mujer de su marido, lo que aquí llaman ser “co-esposa”, porque la primera fue expulsada del clan familiar acusada de brujería.
Poko, huérfana de padre y viviendo acogida, cual “cenicienta”, a cargo de un tío paterno, no fue escolarizada y fue entregada en matrimonio apenas cumplidos los 16 años. Aunque legalmente una mujer no se puede casar en Burkina hasta los 18 años (20, en el caso del varón), si no hay oposición de los padres y de la niña, oposición esta última que, en la mayoría de los casos, como el de Poko, no existe por desconocimiento de ella, consecuencia del analfabetismo, el matrimonio precoz tradicional es socialmente tan válido como el legal y sigue presente en Burkina sobre todo en las zonas rurales.
Poko se levanta cada día de madrugada, mucho antes de que cante el gallo, que no es metafórico porque aquí los gallos siguen despertando a la población, para empezar con su rutina diaria de supervivencia. Si Poko tiene la “suerte” de una hija, que no un hijo, en edad y condición física (para cargar con un bidón de 20 litros de agua), habrá de despertarla para que vaya al pozo más cercano, que en la mayoría de los casos está a unos cuantos kilómetros. Pero si no la tiene, tendrá que ir ella misma a buscar agua.
Poko, al igual que gran parte de la población de Rimkieta, vive en una casa, más choza de adobe que casa, de una o dos pequeñas estancias, sin agua ni electricidad, con una letrina externa tipo “agujero en el suelo” y unos fogones de leña en el patio a modo de cocina.

Fogón de leña en el patio de la casa a modo de cocina. Foto: Sam Mednick TNH
Cargando con el pequeño de la prole a la espalda, recogerá la leña necesaria para calentar el agua para que el marido y los hijos puedan lavarse al despertar. Con el mismo fuego, recalentará la salsa del tô, una bola de mijo, sorgo o maíz, plato nacional de Burkina, que sobró de la cena de la noche anterior y que deberá repartir lo más equitativamente posible entre los hijos, después de que el marido haya comido, y cuyos restos serán para ella.
Cuando 3 de los 5 hijos varones (los propios y los de la “co-esposa” desterrada) que Poko ha conseguido escolarizar hayan salido para el cole, ella cogerá el pico que todas las mañanas le acompaña a la explanada de tierra que se encuentra a unos 3 kilómetros de su casa.
Siempre con el pequeño a la espalda y de la mano el hermanito anterior que fue forzado a aprender a andar tempranamente con la llegada del más pequeño, cava, bajo un sol abrasador, la arena que venderá a los fabricantes de ladrillos de adobe para la construcción.

Cavar tierra para extraer arena y grava bajo un sol abrasador como medio de vida para atender las necesidades de la familia. Foto: joursdafrique.org
El hecho de que Poko haya “priorizado” la escolarización de los varones tiene su explicación en que, desde donde la memoria alcanza, las niñas nunca han tenido los mismos derechos que los niños. En Burkina, un 32% de las niñas no va ni a la escuela primaria. Privadas de una educación básica y con muy baja cultura familiar en favor de la educación, más de un 52% de las jóvenes de entre 15 y 20 años son completamente analfabetas. Sólo un 6% de las mujeres cursa o ha cursado estudios superiores. Y sólo un 35% de las mujeres tiene una cuenta abierta en un banco.
Las niñas son consideras ajenas a sus propias familias porque desde recién nacidas son, simbólicamente, “propiedad” de su futuro marido y ¿para qué va a estudiar una niña si, para sobrevivir, acabará casándose para poder atender las necesidades de algún hombre? En Burkina, un 10% de las jóvenes que hoy tienen entre 20 y 24 años, se casaron antes de los 15, y más del 50%, antes de los 18. A nivel global, cada 2 segundos, sí, cada 2 segundos, una niña es casada en algún lugar del mundo. Cada año se casan 12 millones de niñas en el mundo, lo que significa 33.000 niñas al día, o sea, 1 niña cada 2,5 segundos (fuente UNICEF).
El sometimiento de la mujer puede llegar a niveles dramáticos. Recuerdo bien la historia de una de las madres de un becario escolar de la FAR que, estando en casa lavando la ropa de los niños, vio llegar a la policía con una orden de detención del marido por un presunto robo de moto, pero el marido no se encontraba en casa. Intentaron llamarle, pero tenía el teléfono apagado. Entonces, la policía decidió llevársela arrestada (ella era la más joven de las tres esposas del hombre en cuestión), cual moneda de cambio, dejando a las otras dos el encargo de avisar al marido de ir a la comisaría ya que sólo entonces, procederían a liberar a la mujer tras arrestarle a él. El arresto de aquella pobre mujer duró diez días y al final la soltaron sin que el marido se presentara ante la policía.
Volviendo a Poko, lo que haya conseguido vender al final del día será decisivo para que la salsa, eterno acompañante del tô que volverán a cenar un día más, tenga más o menos nutrientes.
La malaria, la fiebre tifoidea y el dengue son enfermedades comunes y endémicas de la población burkinabé, así que, con frecuencia, Poko tendrá a algún miembro de la familia enfermo al que ella habrá de comprar medicación, por lo que la salsa del tô se limitará, de nuevo y un día más, a lo que salga de la cocción de alguna hoja autóctona.
El que yo hable del tô de la cena y no de la comida es debido a que aquí se come solo una vez al día, y es a la hora de la cena. Por la mañana, se terminan las sobras de la noche anterior y, para el mediodía, la madre está obligada a dar lo que llaman “un dinerillo de bolsillo” para que el niño pueda tomarse algo en algún puestecillo de la calle. La responsabilidad de nutrir a la prole recae también sobre la mujer, ya que el padre raramente participa en todo este proceso de alimentación familiar.

Plato de tô con salsa de badenda (hoja auctócnona)
De vuelta a casa, Poko se parará en un puesto de venta de maíz para comprar “un plato” (la unidad de venta es el “plato” que viene a equivaler a unos 3kg) que llevará a moler. Por la noche, después de haber calentado agua de nuevo para el lavado de los niños, de haber cocinado y dado de cenar, procederá a lavar a mano la ropa de todos ellos.
Una vez terminados los durísimos quehaceres propios del hogar, a la luz de un candil, Poko se dedicará a meter en pequeñas bolsitas de plástico el maíz que ha molido, porque cada mañana, de camino al terreno donde cava la arena, lleva un recipiente en la cabeza con los saquitos de harina que vende. Todo es poco para poder hacerse cargo de las necesidades de la familia, sin ayuda alguna del marido, como ya he dicho.
Terminado el trabajo de embolsar la harina para la venta del día siguiente, Poko se acostará en el suelo, encima de una alfombrilla de plástico a modo de colchón, compartiendo espacio con la gran mayoría de los hijos, para volver a despertase a las cuatro de la madrugada, un día más, sin importar el día de la semana.

Este es sólo un ejemplo de un día de una mujer de los millones de ellas que viven en la misma situación que Poko, y donde el valor del esfuerzo sin descanso, en tanto que capacidad para vencer obstáculos, con disciplina, perseverancia y valentía, valores implícitos en el esfuerzo, adquiere toda su magnitud.
Y todo ello, llevado a cabo con una dignidad ejemplar, y con la mejor de las sonrisas con la que la mujer burkinabé afronta con perseverante esfuerzo, las duras dificultades que le ha tocado vivir. Esfuerzo sostenido y adaptación, que ahora se llama resiliencia.
La realidad de la mujer burkinabé es tan cruel, que el relato cotidiano de Poko podría parecer una exageración. Pero mis años de experiencia en Rimkieta me confirman que, lamentablemente, es una fiel descripción de lo que ocurre. A pesar de haber constatado algún progreso en los últimos años, la mayoría de las mujeres burkinabé sigue estando marginada y no se las tiene en cuenta en los procesos de decisión en el ámbito familiar, así que no cabe ni comentar su ausencia en la participación a nivel local o nacional.

Mujeres vendiendo en el mercado de fruta y legumbre. Photo : O’Gleman Média / Geneviève O’Gleman
Sacar adelante una familia no es fácil y nunca lo ha sido. Y me atrevo a afirmar que actualmente vivimos una época en la que, a nivel mundial, los obstáculos son aún mayores que en otras épocas. Pero, en las circunstancias particulares de la mujer burkinabé y de otros muchos países vecinos y no vecinos, el reto es aún mayor si cabe, y el esfuerzo necesario para ello resulta infinitamente más grande.
Por ello, no es casualidad que el orden en la descripción de nuestra Misión sea “mujeres y niños”, en lugar de lo contrario, que suele ser lo habitual. Porque los niños mueven a compasión. Pero para nosotros la prioridad son ellas, porque el esfuerzo, compartido, es menos esfuerzo. Y porque cierto alivio para ellas es de justicia y favorece a sus hijos y a todo el núcleo familiar.
Si podemos caminar de la mano de tantas mujeres beneficiarias de los proyectos de la FAR, juntos, pero sin tirar de ellas, acompañándolas, es porque ahí, al otro lado de Rimkieta, en la otra cara de la moneda de la FAR, hay unos cuantos cientos de “Amigos de Rimkieta”, carburante y piezas claves del engranaje de la maquinaria de esta obra social.
Y es que la Misión de la FAR es doble. Por un lado, aligerar carencias materiales, psicológicas y culturales en Rimkieta, uno de tantos rincones de lo que podemos llamar el “cuarto mundo”. Pero también, facilitar la concienciación y desprendimiento a cada una de las personas del “primer mundo” que se nos cruzan en el camino. Ello requiere de una gestión austera, rigurosa y transparente, que nos permita apelar a su generosidad, fruto de su esfuerzo y perseverancia, para sostener los proyectos de la FAR.
Las dificultades de estos tiempos que nos ha tocado vivir, en una sociedad donde ni el esfuerzo, ni la perseverancia, sino la facilidad, la inmediatez, el consumismo y el derroche, son los casi únicos “valores” de gran parte de las nuevas generaciones, son enormes. ¡Que cunda el ejemplo de vida de tantísimas “Pokos” y sirva de poderosa herramienta para contagiar el valor del esfuerzo!
Desde esta parte del mundo, que desborda cantidad y mengua calidad moral a paso agigantados, no podemos imaginar con detalle, con precisión, esa enorme voluntad de mujeres como Poko, su constancia, su mérito, su entrega al clan, en circunstancias tan críticas. Lo poco que conocemos es gracias a la FAR y a tí con tus magníficas crónicas… y se nos rompe el alma.
¡Muchas gracias y mucho ánimo!
Mil gracias de corazón querido tio
Tus relatos bien escritos amplían la información de lo que he ido conociendo en mis diversos viajes.Me gustan mucho y también vuestra labor allí. Pude visitar vuestra fundación y fue una experiencia formidable .Es encontrar la esperanza en el infierno! Luz en la oscuridad.Gente como vosotros se necesita en este mundo y sois inspiradores .Un abrazo y hasta la próxima.
Mil gracias María por estar y hacernos partícipes de una realidad que , al no tenerla cerca, se nos olvida que existe y afecta a una gran parte de la humanidad.
Tus relatos nos ayudan a poner los pies en la tierra y darnos cuenta del privilegio de haber nacido en un continente en lugar de en otro.
Un abrazo muy fuerte
¡Mil gracias de corazón a vosotros Jose!
Muchas gracias María por tu gran labor y por trasladarnos alli para darnos cuenta de las gracias que tenemos que darle a Dios por habernos tocado vivir a este lado del mundo.
Que suerte tienen tantas mujeres como Poko por tenerte a ti y a todo el equipo
Un beso enorme
¡Mil gracias a ti Tania!
Muchas Gracias Maria por trasladarnos a esa parte del mundo que no se nos presenta en los Mass Media en nuestra querida España.
Y aunque algunos te ayudamos un poco, nada comparable con dedicar la vida a esa labor.
Y sabemos que estais felices siendo la sal de la tierra!
Un fuerte abrazo
¡Mil gracias a vostros Juan Luis!
Con cada post nos llevas de la mano a Burkina. Gracias !!!
😉
Maria, impresionante tu artículo. Parece mentira que sigan viviendo asi estas pobres mujeres y encima con una sonrisa. Gracias por la magnifica labor que estáis realizando.
Fuerte abrazo
¡Mil gracias a ti Bea!
¡Impresionante artículo! Me ha conmovido. Muchas gracias por la labor que hacéis en Rimkieta.
¡Muchas gracias a ti Lucie!
María, me has amargado la tarde. Cuando he leído tu post estaba disfrutando del partido de Alcaraz, con una entrada VIP que me permitía comer todo tipo de alimentos de países distintos y beber hasta reventar, mientras escribía a la presidenta de la urbanización para pedirle que acelere la apertura de la piscina, que hace mucho calor en Madrid. Ya lo decía Conrad “la vida es una bufonada”. Gracias María por ponerme en mi.
¡Mil gracias a ti Javier y aupa el Alcaraz! 😉
sitio
Maria…me coloquei no lugar de Poko por um dia e como foi difícil sobreviver a tantas adversidades cruéis e sofrimentos diários.
Vc faz um trabalho excepcional levando a dignidade a essas pobres mulheres.
Aqui no Brasil,onde vivo tem muita pobreza mas nada comparado a Burkina e ao tratamento q as mulheres recebem.
Faz 13 anos q ajudo a FAR com alegria doando bicicletas,material escolar e outros auxílios necessários a elas,apesar de ser criticada
aki por esse gesto(pq não ajudar aos pobres daqui ?)
Sou uma gota d’água no meio do oceano…
Excelente y sobrecogedor articulo.
Realizáis una gran labor. Felicidades.