Hace unos días vino a la maternelle un niño de 11 años a recoger a su hermano pequeño de 4 en una moto. El niño apenas llegaba a los pedales y aquí las motos tienen el freno en el pedal derecho.


Era la hora de salida de los niños de la maternelle. Yo estaba fuera con Paul, el encargado de la plantación y mantenimiento de los árboles, echando un vistazo a los plantados este año y vi pasar al niño en la moto. No daba crédito. Y mi asombro fue en aumente cuando le vi pararse en la puerta de la maternelle.


Se bajó de la moto, entró en la maternelle y salió con Salif, su hermano pequeño, de la mano. Antes de darles tiempo a montarse en la moto me acerqué y les pedí que me acompañaran a ver a Rihanata, la directora de la maternelle.


Le conté lo ocurrido y ella tampoco daba crédito. Llamamos a los padres para informarles al respecto y pedirles que vinieran a la maternelle a recoger a los niños y la moto. La madre tardó más de dos horas en llegar, esperaba a una vecina que le dejara la bici. El padre se encontraba en Costa de Marfil desde hacía unos meses.


La madre nos dijo que había enviado al niño a buscar a su hermano en bici. El niño dijo que la bici tenía la rueda pinchada y que como no había nadie en casa para decírselo, cogió la moto.


Le preguntamos a la madre si el niño cogía la moto a menudo y nos dijo que alguna vez, para hacer recados cuyos trayectos en bici son lejanos o costosos como ir a buscar agua.


Rihanata, con ese “savoir faire” que solo ella tiene, les explicó a madre y niño la necesidad de no seguir con esta práctica. La madre prometió no dejar la moto en manos del pequeño y éste a su vez dijo que ya no la cogería.


Este es solo un ejemplo de la carga de responsabilidades, nada propias de su edad, de los niños de la mayoría de países del África subsahariana.


Obligaciones en las niñas como la de ir a buscar a diario agua al pozo y cargar con ella hasta casa, limpiar la casa y la ropa, cocinar, lavar a sus hermanos pequeños, ir al mercado a comprar leña para calentar el agua o moler a mano con un mortero kilos de maíz para la cena, y en los niños como las de realizar trabajos que aporten dinero a la economía familiar para poder comer a diario (que muchas veces pasa por el robo), son el día a día de los niños africanos.


Es muy común ver a niñas de no más de 7 años encargadas de bebés de apenas unos meses. Cargan con ellas en sus pequeñas espaldas todo el día.


Yo he llegado a ver bien entrada la noche en un semáforo a una madre en moto con un bebe atado a la espalda, detrás una niña de unos 3 años, seguida de un niño de unos 6. Durante el minuto que duró el semáforo en rojo puede oír a la madre abroncar al niño porque se estaba quedando dormido y debía mantenerse despierto pues debía aguantara a su hermana de 3 que ya dormía para que no se cayera.


Ya no es ni siquiera cuestión de que estos niños no tengan tiempo ni de jugar como niños que son ni siquiera, si tienen la fortuna de ir al colegio, de hacer los deberes, sobre todo en el caso de las niñas. Es que además, ocupan su tiempo en tareas de adultos que no les corresponden.


Sé que es muy difícil cambiar esta práctica, sobre todo porque tiene su origen en la extrema pobreza y contra eso no se puede luchar, pero por lo menos espero que hayamos conseguido que a Salif su hermano no vuelva a venir a buscarle en moto!