La fiesta musulmana de “Aïd al-Kabïr ” (Tabaski), que viene a ser la Navidad cristiana, se mascaba en el ambiente desde hacía varios días. Es también llamada la fiesta del cordero porque es la fiesta que celebra el pasaje del Corán, que también aparece en la Biblia, en el que Ibrahim (Abraham para los cristianos), obedece la voluntad de Dios y sube al monte a sacrificar a su hijo Ismael (Isaac para los cristianos).
En el relato musulmán, Ibrahim no quiere ver morir a su hijo y se pone una venda en los ojos para ejecutar el sacrificio. Cuando se quita la venda comprueba que Dios ha puesto un cordero en lugar de su hijo que sigue vivo.
Así que los corderos han ido caros estos días. Los podías encontrar a la venta por todas partes, en los mercados, en las carreteras, cargados en grandes camiones, en motos y hasta ¡en bicicletas!
Y por fin ayer llegó la fiesta! A primera hora de la mañana, todos los fieles elegantemente vestidos con los “bubús” típicos de preciosos colores, se reunieron para rezar en las mezquitas de cada barrio y después empezó la celebración en familia.
El cordero que estaba atado en el patio de la casa de mis vecinos no había parado de valar, día y noche, sin descanso estos días. A estas horas reina el silencio… Siguiendo el ritual, el jefe de familia lo habrá sacrificado (degollado acostado sobre su lado izquierdo y con la cabeza mirando hacia La Meca) y colgado para despellejarlo, sacarle las tripas y cortarlo en piezas. Las mujeres, que desde primerísima hora de la mañana preparan el arroz y las salsas de acompañamiento, se encargan de encender las brasas para cocinar el cordero. La tradición recomienda, que no obliga, que la carne sacada del cordero sea dividía en 3 partes: una para la familia, otra para los amigos y vecinos y otra para los más necesitados.
Tabaski es un día para pedir perdón y perdonar, de compartir, de alegría y de paz que aquí se vive en la más absoluta de las convivencias entre las distintas religiones. Este año la celebración fue bautizada bajo la premisa de “Unidad, armonía y la concordia del “País de los hombres íntegros””, y el gran Imam hizo una llamada a “continuar desarrollando la idea de la solidaridad y la cohesión social”. También saludó a los “hermanos de la Iglesia católica”, que cada año están presentes en el rezo matinal. Del mismo modo, el arzobispo de Ouagadougou comentó la normalidad en que la Iglesia católica acompañara a los hermanos musulmanes, para mostrar su “proximidad, solidaridad y amistad” e hizo una llamada a todo el pueblo burkinabé a una reconciliación entre sus hijos para una justicia y paz sostenibles.
Todo un ejemplo de convivencia y armonía entre religiones tan necesitado en estos días en que la “paz” no está muy de moda que digamos. Pidamos con fuerza que continúe siendo así durante muchos años.
Me encantan tus comentarios, María!
Muchas gracias por la gran labor que desarrolláis