Os voy a contar hoy lo que en sus correspondientes lenguas tradicionales en Mali llaman “Sinankunya”, en Costa de Marfil “Toukpê”, en Senegal “Kal” y en Burkina, los Mossi, “Rakire” (fuente: wikipedia).


En francés es la “parenté à plaisanterie” o “parentesco a broma”, una práctica social observada en todo el África Occidental que da permiso a los miembros de una misma familia, parientes lejanos incluidos, y a los miembros de ciertas etnias, a “insultarse” y “burlase” entre ellos, sin ninguna consecuencia! Estos “duelos” verbales han sido utilizados como herramienta para tranquilizar tensiones sociales entre etnias próximas o entre clanes familiares.


En Burkina hay varias versiones de los orígenes del “parenté à plaisanterie”, dependiendo de las etnias. Entre los Mossi y los Samos, por ejemplo, este tipo de relación comenzó para resolver conflictos de guerra. Y entre los Bobos y los Peuls, para solucionar conflictos derivados de diferentes tipos de vida, sedentarismo cultivador de los primeros y nomadismo ganadero de los segundos.


El “parentesco a broma” no conoce ningún tipo de límite en su práctica y puede realizarse sin consecuencias hasta en los entierros, donde los parientes pueden burlarse del difunto imitándolo o fingiendo llorar por su muerte. Pero en este caso, se trata de una puesta en escena que sólo los amigos más próximos e íntimos del difunto pueden realizar y sirve para desviar la idea de la muerte, banalizarla en cierto modo y recuerda los lazos que unen a ambas etnias.


Os puedo asegurar que cuando ya empiezas a entender francés, la primera vez que ves a dos personas de etnias que se permiten la “parenté à plaisanterie” practicarla y asistes a un combate para ver quién gana en insultos y burlas, un escalofrío recorre tu cuerpo al pensar que se va a liar gorda! Y luego te quedas completamente descolocada al no entender como todo finaliza sin mayores consecuencias, después de haberse dicho de todo menos “guapo”!


Cuando en realidad, lo que la “parenté à plaisanterie” es, una maravillosa arma que sirve de bálsamo para conseguir mantener unidas sin problemas a las 20 etnias “mayoritarias” (y más de 60 en total en el país) con sus diferentes tradiciones y correspondientes lenguas distintas que forman Burkina Faso.