Queridísimo Serge,

Ya sabías tú que María llevaba un tiempo intentando escribir el panegírico de alguien… Nunca hubiéramos podido imaginar ninguno de los dos, que iba a tener que escribir el tuyo antes.

La vida, para nosotros la Providencia, tiene estas cosas, sin las cuales no sería la vida, y te ha arrancado de cuajo, sin anestesia y sin avisar, de tu querida familia y amigos, de todos nosotros en la FAR, y de los niños y mujeres de Rimkieta.

Cuanta rabia e impotencia inicial, que han dado paso al agradecimiento más sentido a Dios por tu persona en nuestras vidas ¡y no digamos en la de la FAR!.

Mil gracias de corazón por tu peculiar sentido del humor, tu más que evidente cariño, a pesar de tus intentos por no mostrarlo, tu aporte de practicidad en tantísimas decisiones que nos ayudaste a tomar, y esa tranquilidad de espíritu que nos transmitías a todos, a Mercè, Carme y Fernando muy especialmente, fruto de tu entrega personal y profesional a Rimkieta. ¡Que grande has sido, querido Serge!

“Alma mater” de toda la información de gestión de la FAR, sólo tú podías inventar un sistema competente a la altura del rigor y la exigencia característicos de esta institución, a la vez que sencillo y familiar, como para que un zoquete como María, acabara disfrutando con las liquidaciones de los cierres trimestrales.

Claro que, para ello, lo dejaste todo, te remangaste la camisa y te fuiste para allá, a montarlo in situ, mimetizándote con Rimkieta y con su gente, con una naturalidad y vocación, característicos del ADN de algunos pocos “chalados” como tú.

Tu marcha deja un enorme vacío en toda la familia de la FAR, que será difícil de llenar. Pero nos quedamos con el consuelo de saberte ahí arriba, junto al feliz de tenerte a su lado tío Pepe. ¡Lo bien que os lo vais a pasar los dos, menudo par! Y no dejéis de seguir cuidando de esta chifladura social que tanto habéis querido y seguís queriendo.

¡Descansa en la paz del Señor querido Serge! Juan Carlos y María