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Nueva cocina y despacho en la FAR

Nov 8, 2013 | 10 Comentarios

Vista general de la nueva cocina
Estamos de estreno en la maternelle. La cocina, donde Leonie, Odile y Mariette preparan cada día comida para los 300 niños de la maternelle, las 25 niñas del proyecto de formación de niñas sin escolarizar, los 15 niños de la calle que pasan su primer año en formación en la FAR y las más de 30 personas del personal que comen aquí, fue construida inicialmente en 2008 para atender a 120 niños y se había quedado pequeña.
Las obras se han llevado a cabo de la mano de Albert Faus, el arquitecto de la Asociación Laafi que vive en Koudougou y al que muchos conocéis pues es el autor de las obras del CIEPYD, el Molino, el Cyber y la remodelación de la maternelle gracias a las cuales pasamos en 2011 de 240 a 300 niños.
Los fogones con el patio de fondo
Hemos convertido la antigua aula de los niños de la calle, zona que había quedado sin utilidad, en una cocina de mayor espacio, mejor ventilación y menos calor y posibilidad de cocinar fuera, en un bonito patio.
El espacio de la antigua cocina que  ha quedado libre se ha aprovechado para ampliar la zona de administración, habilitando un nuevo despacho que,  aun estando integrado en la zona común, es a su vez independiente.
Hasta ahora mi despacho consistía en una mesa y una silla más, junto a las de Cristina, Sylvie y Colette. Desde allí he podido disfrutar del goteo de visitas de un montón de mujeres, que vienen con sus niños, a devolver algún microcrédito con Sylvie, a traer las notas de los niños de las becas escolares con Colette o a pedir inscribirse en la lista de espera de las bicicletas con Cristina.
Mi nuevo despacho
Es raro que vengan solas, la mayoría de veces vienen con uno o dos niños. Asoman la cabeza y piden permiso para entrar con un par de palmadas, a la vez que diceN “cococo” (que viene a ser nuestro “toc-toc-toc”). Saludan y nos desean buenos días, buenos medios días o buenas tardes (“ne yibeogo”, “ne winiga” o “ne zaabre”). “Laafi” (que viene a ser “con salud”) contestamos las presentes. Se sientan, sacan el pecho y dan de mamar o lo utilizan de chupete. Verlas y oírlas, aún sin entender nada pues muy pocas de ellas hablan francés, ¡me llena de energía a diario!
Me encanta esta cercanía, y desde mi nuevo despacho voy a echarlas de menos, pero hay reuniones que necesitan de un espacio donde poder hablar a solas. Y asuntos que necesitan “silencio” para poder pensar y reflexión para ser gestionados. Y será que me hago mayor, o la complejidad que la FAR va teniendo en el día a día, pero se me hacía difícil seguir con mi mesa y mi silla entre “ne yibeogos”, “ne winigas” y “laafis”.