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¡Vidas al filo de los proyectos!
Sophie, beneficiaria del proyecto “Bicicletas para Rimkieta” de la FAR, desapareció, de la noche a la mañana, sin dejar rastro alguno, en abril de 2024. Ahora, inesperadamente, más de un año después, ha vuelto a dar señales de vida.
Sophie, de 32 años, era la segunda esposa de una familia musulmana polígama. Tenía un hijo propio, fruto de una relación anterior, y convivía con su segundo marido y con la primera esposa de éste, madre de dos niños. Se acercó a la FAR solicitando una bicicleta: trabajaba como peluquera ambulante y la bici le facilitaría ampliar su zona de actividad, facilitando los desplazamientos, con menor esfuerzo físico. Además, en el ámbito familiar, era la encargada de caminar a diario para buscar el agua, tarea que también se vería aliviada gracias a la bici.
Su situación personal y familiar, así como los motivos de la solicitud, evaluados mediante nuestra encuesta de selección, resultaron concluyentemente favorables, y una mañana de enero de 2024 Sophie salió feliz de la FAR con su bicicleta.

Beneficiaria de una bici saliendo de la FAR
Durante los primeros meses, cumplió puntualmente con los pagos. Pero en abril, dejó de abonar su parte. Como marca el protocolo, al detectarse el primer retraso iniciamos la reclamación. Primero, directamente con ella por teléfono, sin éxito, ya que su línea aparecía como “no operativa”. Luego recurrimos a los avalistas “morales” (que no económicos, ya que responden al impago con el compromiso de alentar a la beneficiaria a que pague, pero no pagando por ella). Ellos tampoco tenían noticias suyas. Finalmente, nos desplazamos a su domicilio donde, la “co-esposa”, nos informó de que, una noche, Sophie se marchó con lo poco que tenía, llevándose la bicicleta, y desapareció. Desde entonces, nadie sabía dónde estaba.

Tras varios meses de búsqueda infructuosa, nos vimos obligados a condonar el impago y considerar la bicicleta también como desaparecida.
El proyecto “Bicicletas para Rimkieta” de la FAR tiene como objetivo facilitar el acceso a una bicicleta de calidad a mujeres de Rimkieta, mejorando su bienestar y nivel de vida, y dinamizando el barrio. Desde su inicio en 2013, hemos entregado más de 7.000 bicicletas, y tenemos lista de espera constante de más de 500 mujeres. En un lugar con condiciones climatológicas extremas y sin transporte público, la bicicleta es una herramienta indispensable, tanto para desplazamientos de niños (para ir al colegio), como para que las mujeres accedan al mercado laboral. La bicicleta permite llegar más lejos, más rápido y con menor esfuerzo, y contribuye de forma sostenible al desarrollo del barrio.
La FAR sigue una política de no “regalar” bienes ni servicios, sino de “facilitarlos” a precio social, bajo una filosofía que promueve la responsabilidad personal y el valor del esfuerzo. Por ello, el proyecto de las bicis se concibió como una subvención por parte de la FAR del 40% del coste de la bici, mientras que el 60% restante es asumido por la beneficiaria, con la posibilidad de pagarlo durante el plazo de un año.

Tres beneficiarias de bicis FAR
Durante ese primer año, la FAR también asume el 50% del gasto de mantenimiento, fomentando la reparación “inmediata” de la bicicleta, evitando así su deterioro por acumulación de averías, hábito o costumbre allí frecuente debido a la falta de medios. Además, y debido al desconocimiento general de la población sobre las normas básicas de circulación, cada entrega de bici va acompañada de una sensibilización individualizada sobre seguridad vial, mediante fichas gráficas y de fácil comprensión, que explican tanto las normas de circulación como las principales señales de tráfico.
Para nuestra sorpresa, hace unos días se presentó en la FAR una mujer que dijo ser amiga de Sophie. Venía a saldar la deuda pendiente de la bicicleta. Nos explicó que Sophie había tenido que huir a Costa de Marfil, sin ni siquiera poder llevarse a su hijo, que tuvo que dejar al cuidado de la familia paterna porque así lo reclamaron.
En Costa de Marfil, Sophie ha comenzado una nueva vida. Ha retomado su trabajo como peluquera ambulante y según nos contó su amiga, guarda un profundo agradecimiento a la FAR por haberle dado la oportunidad de acceder a aquella bicicleta. De hecho, lo primero que hizo al lograr cierta estabilidad fue comenzar a ahorrar para poder devolver el dinero restante. Sophie sabe que, gracias a esas contribuciones, otras mujeres podrán beneficiarse del proyecto, y sentía la necesidad personal y moral de cumplir con ese compromiso.

Mujeres esperando para ser inscritas en la lista de espera
El caso de Sophie es sólo un ejemplo de las muchas historias personales complejas que esconden nuestros proyectos.
Cada bicicleta entregada, cada Fcfa (moneda local de Burkina cuyo valor es de 1 € = 655,957 Fcfa) reembolsada, cada mujer empoderada, es fruto del compromiso de acompañar y respetar cada proceso de forma individual, convencidos del poder transformador del ejemplo y del acompañamiento cercano. Y el gesto de Sophie, que cruzó fronteras y cerró una deuda, abriendo la puerta para que otra mujer se beneficie es un precioso ejemplo de ello.
¡Seguimos!
Precioso, pero al tiempo la mejor demostración del sufrimiento de las mujeres sometidas por el islamismo…¡Para que nos den lecciones «las» de aquí!!
Que historia más extraordinaria, hace que nos reconciliemos con todos los humanos de buena voluntad. Enhorabuena a todos quienes aprobasteis la entrega. Solo falta que Sophie siga su camino en una sociedad tan atribulada por una ética tan primitiva respecto a las mujeres y la familia.
muy bonita historia
. gracias por enviármela
«Mejorar las condiciones de vida de las mujeres y niños de Rimkiieta», reza la Misión de la FAR.
Resulta que una bicicleta transforma profudamente la vida de una mujer y de varios o todos sus deudos…Además de tener impacto en algunos hábitos (reparación, mantenimiento…) de la propietaria.
Gracias muy especiales a quienes desde el pricipio tuvísteis claro el impacto de este proyecto.
Supongo Maria, que historias como estas sirven de motivación ( si cabe aún más) para seguir avanzando.
Big abrazo Maria !
Preciosa historia que nos demuestra una vez más la gran labor que hace la FAR. No sabemos los motivos por los que esa mujer tuvo que empezar una nueva vida aunque nos lo podemos imaginar. La bicicleta fue su salvación, no solo el medio de transporte , la independencia que le proporcionó, y su válvula de escape…. También los valores que van unidos a los microcréditos …Sophie ha sido honrada y capaz de saldar su deuda porque sabe que eso será la llave para muchas Sophies….
Un abrazo María
Que gran proyecto el de las bicicletas y que historia más entrañable y triste a la vez de Sophie, que tuvo que huir pero mantuvo su agradecicmiento y compromiso con la FAR. Un fuerte abrazo, Maria
Este historia me recuerda la siguiente reflexión que me repetía mi abuelo: «Piensa bien y acertarás (aunque te equivoques)»
Gracias María
Que bonita historia Maria. Lo que me cautivó hace más de 20 años ya? de este proyecto es el claro objetivo de no crear “limosneros” si no de dar oportunidades y hacer crecer personas (dentro de su limitada realidad).
Como siempre me arrancas una sonrisa y unas lágrimas de emoción
Preciosa, y muy estimulante, la historia de Sophie, con la que se pone de manifiesto que no importa cuán graves sean las circunstancias, las personas de bien, independientemente de su posición social, responden siempre con valentía a los compromisos
adquiridos.
Bendita sea Sophie, y todos vosotros también.
Abrazos.
Realmente las mujeres en Burkina tienen un alto nivel de compromiso.
Un abrazo!
Cris Mor
Muchas gracias María por compartir historias como esta que nos hacen tanto qué pensar. ¡Abrazos a todos!
Preciosa historia. cuánto aprendemos de esos logros que nos hacen volver a la realidad y lo afortunados que somos aquí. Saludos
Gracias por compartir!
El compromiso basado en valores y con una misión clara prevalece mucho mas que cualquier contrato y/o obligacion económica, una preciosa historia que refleja la dureza que viven las mujeres en Burkina Faso. Muchas gracias por compartir.
Precioso María, una alegría leerlo